Buscaré en los precipicios de mi mente un lugar donde te esperaré a mis anchas. En mi más sumisa desesperación, seré el discípulo de tus pensamientos; abandonaré toda idea de pensar, pero no de ti.

Me alimentaré de tus imágenes soñadas y aprenderé a convivir con el recuerdo. Sobrevengan tormentas y ocasos en atardeceres nublados, que al tornarse rojizos caerán en declives bajo el ángulo de los rayos del sol.

Y yo seguiré mirando hacia el firmamento, parado allí como una figura de mármol, aguardando a que toques a mi puerta.





 


Transcurrido el tiempo, mi barba ocultará los rasgos del pasado, pero no de ti...