Estabas parada allí,
con tu nombre en mis labios...
Y yo, perfectamente extasiado con tu cabello en mis dedos, contemplando tu cuerpo desnudo—había una tibia conversación entre nosotros dos, como si nos conociéramos de siempre;
tu hablando de cosas y yo esperando una pausa, un tiempo en donde contarte mis siniestras intenciones...
Luego, el silencio.
Como un símbolo de algo sublime—y terminamos desayunando exquisitos besos...