Creo que ya he olvidado aquellos paseos ebrios por las calles nocturnas en París, grandiosas y oscuras bohemias noches; amando la vida aburrida de la cual estábamos acostumbrados.
Disfrutando cada momento que nos daban las caminatas en nuestras mentes por París y una que otra escapada extraña en los suburbios colindantes, que hacíamos de nuestra guarida cuando estábamos cansados de hablar.
Y mientras a penas nos distinguimos el rostro, ya estábamos de turistas sin visa, como adolescentes por las calles nocturnas de nuestro París.
