Exactamente, armado con recuerdos y no tan viejas historias.
sábado, 21 de noviembre de 2015
¿Porque nunca me hablaba?
En un principio, me costo entenderla. El tiempo pasaba y aquella joven de mirada tierna, calaba hondo mi curiosidad.
¿Porque nunca me hablaba? Era la pregunta que me hacía día a día, hasta que uno desos llamativos ramos de flores sintéticas, me dío el valor suficiente para comprarlos y sin previo aviso, obsequiárselo a aquella chica de mirada tierna.
"Era tarde, lo recuerdo bien, el boulevard dónde siempre estaba parada, encendió los neones y yo todo nervioso me acerqué y le hable un buen rato, sin tener respuesta alguna...."
Mi sorpresa fue mayor, cuando el dueño de aquel lugar me dijo de manera hostil y poco amable " NO TOQUES A LA MANIQUÍ"..
Oh! Que bello nombre MONIQUÉ..
Debe ser Francesa !!!
viernes, 20 de noviembre de 2015
siempre salia sólo en los paisajes de día y de noche... Pero, pero esa gentuza, que sabía! Yo era feliz así como estaba, enamorado hasta no poder más.
En una de sus tantas visitas a mi mundo(ósea, a mi entorno), ella venía y me mostraba todo su guardarropa, en dónde sus vestidos, daban gala de su inusual estilo de dama, jamás usaba pantalones o algún tipo de calza, siempre con vestidos que le llegaban a sus rodillas y la infalible blusa, que se adhería a su cuerpo sexy, por el cual, resaltaban sus pechos, todo sin escote y cuando le pregunté por su ropa interior ella me confesó que nunca usaba y eso me volvía loco...
Un día se fue, sin darme alguna explicación. Desapareció sin más y llegó la soledad a mi vida y me hice adicto al vino. Y mis amigos, los pocos que quedaban, me animaban que saliera, que olvidara que ya estaba actuando de una manera extraña, que hablaba sólo, que en ocasiones me abrazaba a los árboles a los postes a toda cuanta cosa rara tenía silueta de mujer. Fue muy duro enfrentarlo, Claire, se había marchado....
martes, 17 de noviembre de 2015
Soy el que le espera, con todo lo que significa la espera.
Soy el que le espera, de formas en que jamás imaginé, cuando lejos está.
Espero sus manos acariciando las mías,
su mirada electrizante, es lo que ansió;
la voz que dice mi nombre y el cabello
casi ceniza, que una noche cubrió mi rostro y mi cuerpo. Humedecido con el
rubor de su respiración agitada.
Soy el que le espera, con todo
lo que significa la espera.
Con los brazos abiertos, con mirada aguda,
con ternura y un más de malicia,
aquí, quieto, en lo más importante de
mis horas de día y en lo más extraviado
de mis noches; que son mis pensamientos.
Soy el que le espera, a sabiendas que
seguiré en espera.
Como los ojos que buscan entre la multitud, como el fuego busca al buen oxígeno,
como la niebla enroscada en el valle
espera su fin, como muchas veces en la espera.
Si, ese soy yo. Soy el que le espera, de formas en que jamás imaginé, cuando lejos está.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Y... Me quede allí, atajando su vuelo, para no caer en olvidos..
Y... Me miró a los ojos, enviando un
sentimental código a mi espina.
Quede petrificado, casi hechizado, me
miró y quedé paralizado.
Y... Me beso, como nunca antes lo había echo, con ternura y me quedé allí, maravillado de sentimientos, hipnotizado,
por el beso que me ha dado.
Y... Se despidió con un hasta luego,
con un voy y vuelvo, con un vuelo
certero, que con mi suerte, será un
melancólico sonido, repetitivo en
silencio.
Y... Desde entonces, canciones tocan mis
sentidos, haciéndolas mías en noches de suspiros, recordando esos ojos mirando los míos, besando la almohada, creyendo que está conmigo, atajando su vuelo, para no caer en olvidos.
Quiero saber de tí, tú quieres saber de mí.
Como es de loco nuestro amor, nos cruzamos y no hago más, que conocer el porque.
Porque; tengo apetito de tí, más nuestras ausencias se precipitan en nuestras presencias.
Si de casualidades, surges de mis voces.
Murmurando tú nombre, mí nombre se haya. Incluso cuando me llamas, mí llamada al viento choca a tu voz y nos cruzamos.
Árboles imaginarios, de ramas frondosas disimulan nuestras miradas, perturban nuestro saludo, en sendas ocultas a nuestra lógica.
Quiero saber de tí, tú quieres saber de mí.
Nos cruzamos en palabras y en palabras nos vemos pasar.
Siempre recuerda que eres dueña de mí mundo y yo me adueño del tuyo, pero nos cruzamos.
Te busco entre la muchedumbre, sabes que estoy ahí, pero no me ves y nos cruzamos.
Cruzamientos de miradas, ligadas a palabras, envueltas en sueños.
Tus ojos se abalanzan sobre mí, como la lluvia cuando cae en abril y mis ojos se clavan en tí y nos cruzamos.
Es entonces ahí, que desespero, que salgo desaforadamente en tu búsqueda y tú en la mía.
Capases los dos, de detener al mundo y ponerle fin a nuestras ausencias; pero no nos encontramos y otra vez nos cruzamos.
Te veo caminar y no das nota a la admiración de miradas a tu cuerpo, rehúyes a palabras ajenas y te observo, yo estoy allí, impávido, agitado, esperando tu vos y nos cruzamos.
Que extraña fuerza, impide nuestro abrazo.
Tal vez deberíamos avisarnos, para no cruzarnos !!!
Quieres saber de mí y quiero saber de tí, no perdemos la facultad de saber del otro y al unísono nos llamamos y otra vez, nos cruzamos.
domingo, 15 de noviembre de 2015
LA CANCIÓN DE SIEMPRE fábula...
(aún no es mi tiempo)
Lo ví vagar, entre luces y foquitos multicolores, por la ciudad y el estero de las soledades.
Le pregunté cosas, le enseñé lugares y no lograba conseguir su primaveral atención.
Quise ayudarle y recorrimos rostros, buscamos miradas, escuchamos canciones y seguía con la mirada perdida de tristezas que sólo el sabía.
"Hace algún tiempo ( me dijo ), dónde había mil rostros y cientos de miradas, no estaba solo y debes dejarme así, aún no es el tiempo para mí..."
Y entonces comprendí, que al "AMOR" hay que dejarlo solo, sólo el sabe como salir de la soledad.
sábado, 14 de noviembre de 2015
PERO NO DE TI (mi mejor poema)
Buscaré en los precipicios de mi mente un lugar donde te esperaré a mis anchas. En mi más sumisa desesperación, seré el discípulo de tus pensamientos; abandonaré toda idea de pensar, pero no de ti.
Me alimentaré de tus imágenes soñadas y aprenderé a convivir con el recuerdo. Sobrevengan tormentas y ocasos en atardeceres nublados, que al tornarse rojizos caerán en declives bajo el ángulo de los rayos del sol.
Y yo seguiré mirando hacia el firmamento, parado allí como una figura de mármol, aguardando a que toques a mi puerta.
viernes, 13 de noviembre de 2015
¿Es también tu olvido, como el olvido mio?
Bésame en olvidos, bésame en estos caminos; que yo caminaré en aquellos besos, que por más que quiera, ahora no son mios.
Mírame en aquellos senderos, inventando besos, para encontrarlos en el olvido, que sin darme cuenta los perdí ya en muchos caminos; mírame también olvido, para buscar nuevos caminos.
Bésame y envíame al olvido, con esas ganas que tengo de besar esos labios, que fueron míos.
Haciendo muecas, faltando a promesas; besando mis pasos, que recorrerán también mis olvidos, con tus labios y mi repentino olvido.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Patéticamente en aquella banca...
En medio de una ciudad desastrosa que nunca duerme, donde los sueños se entrelazan con el murmullo del horrible tráfico y las luces titilan como estrellas atrapadas en el asfalto, un hombre solitario sentado en una banca desgastada emerge de la sombra de una sombra. Era un rincón olvidado del parque, donde lo negro se alargaba como sus pensamientos, y el aire estaba impregnado de nostalgia.
Con la cabeza gacha, se convirtió en un árbol marchito, cuyas hojas habían caído antes de tiempo. Sus hombros eran ramas quebradas por el peso de la tristeza, y sus manos, dos garras que sostenían un cigarrillo recién encendido. La llama danzante era su única compañía, una chispa de vida en medio de su desolación.
Escucha, le decía a su cigarrillo, como si fuera un confidente fiel. Eres el único que puede comprender la tormenta que azota mi alma. Cada palabra brotaba de sus labios como un eco perdido en el vasto silencio del parque. La brisa suave acariciaba su rostro, pero no podía disipar las nubes grises que se cernían sobre su corazón.
El humo se elevaba en espirales etéreas, como los recuerdos que lo perseguían. Eran sombras de risas pasadas y promesas olvidadas, flotando en el aire con la fragilidad de un susurro. ¿Por qué es tan difícil encontrar la luz? preguntó al cigarrillo, que lo miraba con indiferencia mientras consumía su esencia lentamente.
A su alrededor, las flores marchitas parecían asentir a su lamento. Eran compañeras silenciosas en su duelo, testigos impotentes de una vida marcada por la soledad. Las aves cantaban a lo lejos, pero sus trinos sonaban como melodías lejanas; no alcanzaban a romper la burbuja opaca que lo envolvía.
Cada calada era un intento de ahogar sus penas en una nube de humo gris. Con cada bocanada, se sentía más ligero y más pesado al mismo tiempo; era una danza trágica entre el alivio temporal y la tristeza persistente. Tú eres mi refugio, murmuró con voz apagada. Pero incluso tú no puedes salvarme.
Los minutos se deslizaban como hojas arrastradas por el viento; la tarde se tornó noche sin que él lo notara. Las luces de la ciudad comenzaron a brillar como estrellas perdidas en un océano oscuro. En ese momento, comprendió que su cigarrillo era solo un reflejo de sí mismo: ardiente y efímero.
Finalmente, dejó caer el cigarrillo al suelo y lo aplastó bajo su pie como si pudiera extinguir también sus problemas. Pero sabía que no podía; eran sombras que lo seguirían incluso en la oscuridad más profunda.
Con un suspiro profundo, levantó la mirada hacia el cielo estrellado. Había algo sublime en esa vastedad; tal vez los mismos sueños rotos que llevaba consigo podrían encontrar consuelo entre las constelaciones. En ese instante fugaz, sintió una chispa de esperanza brotar dentro de él: tal vez la soledad no era solo su condena, sino también el preludio de renacer.
Permaneció allí un rato más, contemplando las estrellas y dejando que sus pensamientos danzaran libremente entre ellas; un hombre solitario que comenzaba a entender que incluso en la penumbra hay espacio para soñar.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Como si fuera un tiempo, al que nunca es de nosotros
Era una tarde de otoño "siempre es en otoño," cuando las hojas danzaban en el viento con un suave susurro. Caminaba por un sendero que serpenteaba entre árboles dorados, dejando a su paso una alfombra crujiente de colores cálidos. El aire fresco llevaba consigo el aroma a tierra húmeda y a promesas perdidas.
De repente, en un claro iluminado por la luz dorada del brillo poniente, A. la vio, B. estaba sentada en una piedra cubierta de musgo, con un libro abierto sobre sus rodillas. Su cabello caía como cascadas de luz sobre sus hombros, y su mirada se perdía en las páginas como si estuviera viajando a mundos lejanos. A. se detuvo, cautivado por la imagen que ella proyectaba: una figura inpalpable en medio del paisaje que parecía cobrar vida a su alrededor.
Sin pensarlo, se acercó. Cada paso era un eco de su corazón latiendo más rápido. Al llegar a su lado, A. sintió cómo el tiempo se detenía; el murmullo del viento se desvaneció y todo lo demás se desdibujó. B. levantó la vista y sus ojos, dos lagos profundos, lo abrazaron con una calidez inesperada.
¿Qué lees? preguntó A. su voz temblando como las hojas al caer. B. sonrió, una sonrisa que iluminó el crepúsculo y llenó el aire de magia.
Historias de lugares lejanos, respondió B. con suavidad, donde los sueños florecen y los corazones encuentran su camino.
A. se sentó junto a B, y así comenzó un diálogo que fluía como el río cercano: natural y libre. Hablaron de todo y de nada; compartieron risas que resonaban entre los árboles y momentos de silencio en los que las palabras parecían innecesarias. Era como si sus almas se conocieran desde tiempos inmemoriales.
El sol descendía lentamente, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas. A cada instante compartido se sentía más conectado a B, a su risa melodiosa y a la forma en que sus ojos brillaban cuando hablaba de sus sueños. Sin embargo, en el fondo existía una sombra de tristeza; sabía que el tiempo era fugaz.
Cuando finalmente la tarde se despidió y la primera estrella apareció en el cielo oscuro, A. comprendió que aquel encuentro había dejado una huella indeleble en su corazón. Se levantaron juntos y caminaron hacia el sendero por donde habían llegado, pero ahora todo parecía diferente; cada hoja crujiente bajo sus pies era un recordatorio del instante mágico que acababan de vivir.
Antes de separarse, B. miró a A. con una mezcla de nostalgia y esperanza. A veces, dijo suavemente, los encuentros son solo fragmentos de lo que podría ser.
A. asintió, sintiendo cómo las palabras calaban hondo en él. En ese momento comprendió que no necesitaban ser nombrados; eran solo dos almas errantes que habían cruzado caminos por un breve instante en este vasto universo.
Cuando finalmente tomaron caminos distintos al caer la noche, A. sintió que llevaba consigo un trozo del alma de B. Era un regalo invisible pero poderoso: la posibilidad de lo efímero convertido en eternidad.
Como lo conoció; no solo como un encuentro fortuito entre dos desconocidos, sino como una danza poética entre lo tangible y lo soñado.
martes, 10 de noviembre de 2015
ARRIBA EN EL TECHO
En un pequeño pueblo abrazado por colinas de un verde profundo, donde el canto de los pájaros se entrelazaba con el murmullo del río, había una antigua biblioteca. Sus paredes estaban cubiertas de hiedra y sus ventanas, enmarcadas con madera desgastada, parecían ojos curiosos que observaban el paso del tiempo. En su interior, el aire estaba impregnado de un aroma a papel envejecido y aventuras olvidadas.
Cada tarde, al caer el sol, un niño llamado Samuel se aventuraba a cruzar el umbral de aquella biblioteca. Con un cuaderno en mano y una pluma que había pertenecido a su abuelo, se sentaba en la esquina más oscura, donde la luz apenas alcanzaba a iluminar las páginas de los libros. Allí, entre las historias de héroes y mundos lejanos, Samuel encontraba refugio.
Era un niño soñador, cuya imaginación desbordaba como las hojas en otoño. Se perdía en relatos de valientes caballeros y mares embravecidos, pero lo que más le fascinaba eran las cartas que su abuelo había escrito durante la guerra. Cada palabra parecía resonar con el eco de aquellos días lejanos, llenos de esperanza y anhelos.
Una tarde particularmente fresca, mientras hojeaba los libros en busca de inspiración, encontró un diario desgastado. La tapa estaba decorada con un dibujo de un barco navegando hacia lo desconocido. Al abrirlo, descubrió que pertenecía a una mujer llamada Elena, que había vivido en el pueblo hacía más de medio siglo. Sus páginas estaban llenas de relatos sobre su vida: amores perdidos, amistades forjadas en tiempos difíciles y sueños que nunca se materializaron.
Cada entrada era como un susurro del pasado; cada frase una ventana a otro tiempo. Samuel se dio cuenta de que Elena había sentido lo mismo que él: la melancolía por lo que no había sido y la admiración por lo que sí fue. Así, mientras leía sus palabras llenas de anhelos y risas perdidas, comprendió que la nostalgia no solo es tristeza; es también una celebración de lo vivido.
Con cada página que pasaba, el niño sintió cómo su corazón se llenaba de gratitud por aquellas vidas entrelazadas con la suya. En ese momento mágico, comprendió que todos somos parte de una historia mayor; las memorias compartidas nos unen a través del tiempo.
Cuando finalmente cerró el diario al caer la noche y la biblioteca se sumió en sombras suaves, Samuel sintió una chispa dentro de él. A partir de ese día prometió llevar consigo las historias del pasado como faros en su camino hacia el futuro. Así comenzó a escribir sus propias aventuras, dejando huellas para aquellos que vendrían después.
Es como la nostalgia se convierte en admiración: al recordar no solo lo que hemos perdido, sino también todo lo que hemos ganado a través de nuestras vivencias compartidas.
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